Una presencia amorosa

Para principiantes, aún más importante que saber cómo meditar es entender para qué practicamos mindfulness. La atención plena nos da la oportunidad de atender toda la experiencia de ser humanos, sin necesidad de reaccionar ante cada pensamiento o sensación que tenemos. 

Por ejemplo, si tengo un dolor de cabeza, es posible que experimente pensamientos como: “otra vez este dolor de cabeza, ugh, fijo ahora voy a pasar todo el día así”, “necesito comprarme una pastilla porque esto solo va a empeorar”. 

Cuando cultivamos la atención plena, (sí, aún nos duele la cabeza, pero) en lugar de creernos las cosas que nos decimos, atendemos las sensaciones que nos causa en el cuerpo y vemos con claridad las emociones detrás del malestar. Incluso podemos ver las historias que creamos (“nunca se me va a quitar este dolor”) como lo que son, y nos dejamos de sentirnos aterrorizados por confundirlas con hechos.

Cuando entendemos que el mindfulness es una práctica de autoconocimiento (no necesariamente de relajación), nos damos cuenta de que para practicar no es necesario apagar los pensamientos, ni evitar la incomodidad, ni trascender el dolor, sencillamente acompañamos las experiencias con curiosidad, aceptación y bondad hacia nosotros. 

Notar con cariño cualquier emoción, pensamiento o sensación que ocurra en el momento es mindfulness. Y sí, usualmente usamos la quietud y la respiración para guiarnos. Pero, más importante que la postura o la técnica usada, es estar abiertos a cultivar una presencia amorosa en nuestro mundo interno. ♥